COMUNINA y el museo portátil
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Un primer corte te abre la piel con un bisturí brillante anodino y luego un segundo corte te lacera el cerebro, el caudal de la memoria oprimida y viscosa en el fondo silencioso del tejido celular. Parece una cicatriz olvidada. Así que abres el abanico frenético de tu percepción en piloto automático, y que llevas tatuado como un poema solar que nace de la lucidez. Parecen unas piernas que bajan al sótano del subconsciente buscando hojas sueltas. Y son las escaleras que te llevan al epicentro del otro Jacob, el de la resiliencia. Heridas en una teatralidad de espesuras. Y con la poesía, los surcos abiertos hacen que tus recuerdos negados se subviertan en paisajes en un corazón que todo lo tamiza. Paisajes y pasajes para rebelarse como en un verso de Ezra Pound que dice…"Id contra todas las clases de manos muertas". Paola Paula. Madrid 2018.
